Continuamos con este post la serie iniciada hace unas semanas en relación con el consumidor post-crisis. Decíamos en la introducción que en estos tiempos difíciles se están afianzando una serie de valores en el consumidor que las marcas deben tener en cuenta.
El primero de los valores sobre el que nos gustaría hablar es el que John Gerzema define como: “La vida líquida”. Este valor se refiere al hecho de que el éxito en términos materiales ya no se mide en función de “cuántas cosas tienes”, sino de “cuánta liquidez dispones”. Tras sufrir los efectos de la crisis, mucha gente se está dando cuenta de que la liquidez les da capacidad de maniobra, mientras que los bienes materiales suponen una carga de la que es difícil desprenderse.
Uno de los efectos de este valor es la llamada “declasé consumption”. Esta tendencia se basa en que gastar dinero a lo loco te hace parecer pasado de moda. El ego se va relajando y los artificios se van desmontando a medida que las posesiones materiales van perdiendo relevancia.
Como ejemplo extremo de esta tendencia se puede ver en algunas grandes ciudades de Europa y EEUU cómo hay gente que sale de tiendas de lujo llevando los productos que han comprado en bolsas genéricas donde no aparece la marca. La ostentación, según parece, está mal vista.
Algunos hábitos de consumo que podrían asociarse a la vida líquida serían:
- Evitar los costes fijos (p.e. las hipotecas) y tender en la vida personal hacia una estructura de costes más variables, de los que sea más fácil desprenderse si es necesario.
- En momentos de ocio, optar por el turismo local y el agroturismo.
- Aumento del uso de telefonía móvil de prepago frente al contrato.
- Disminución de las compras a plazos.
Es posible que esta situación sea en gran medida coyuntural, y tendremos que esperar para ver si se afianza. Sin embargo, ya antes de la crisis se notaban signos de este sentimiento: el movimiento “slow”, por ejemplo, encaja en esta forma de ver la vida.
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A veces es necesario pasar por una crisis como la actual para afianzar una serie de valores en la sociedad que, si bien comenzaron a tomar forma a principios de esta década, están ganando impulso hoy, y es muy probable que se impongan en un futuro próximo.
Si algo bueno tienen los tiempos difíciles en que vivimos es que nos dan la oportunidad de reinventar nuestros productos, servicios y hasta nuestros negocios para poder seguir siendo competitivos.
Hoy más.


Las previsiones económicas anuncian borrascas. La burbuja inmobiliaria ha empezado a dejar caer chubascos por todo el territorio, a consecuencia de ello, los viento polares han enfriado el grifo financiero y para removerlo más, el terremoto petrolífero va a poner por las nubes el precio del crudo. Los transportistas se atrincheran, los productos escasean,los precios aumentan y todo ello, provoca que la confianza del consumidor esté a dos grados bajo cero.