Marcas, emociones y la Navidad

Estos días podemos observar como el nivel de emocionalidad aumenta significativamente en nuestras ciudades. Las luces que adornan nuestras calles, los árboles de navidad, las melodías navideñas….Todo ello contribuye a que se genere un espacio emocional en el que las marcas quieren jugar también. Esto nos lleva a la última reflexión del año acerca de las marcas y el factor emocional de estas. Nos preguntamos cosas como por qué cuando las personas dicen “por favor” las marcas, para decir los mismo, dicen “le agradeceríamos que…”, o por qué para dar las gracias nos dicen “le agradecemos…”.

Las marcas, las consultoras que ayudamos a impulsarlas y las agencias que les ponen voz reivindicamos el carácter emocional de las marcas, pero luego, a veces, nos olvidamos de esta reclaemoción. ¿Por qué? Sencillamente porque es muy difícil cambiar nuestra forma de hablar de un día para otro. Pensemos, por ejemplo, en las personas. Al nacer aprendemos una lengua y todos sabemos que es muy difícil aprender otra cuando ya somos adultos, y aunque hagamos un gran esfuerzo al utilizarla difícilmente suena natural, pues a las marcas les ocurre lo mismo. Las que nacieron en otros decenios tienen dificultades para adoptar nuevas formas de de comunicación, en cambio, las que han nacido ahora y que han aprendido a hablar en otra lengua son las que podemos considerar marcas nativas en este lenguaje más cercano y emocional. Este es el caso de vueling, y que nos lo confirma, una vez más, con su excelente felicitación de navidad. Un grado más en la experiencia de marca que tenemos con esta compañía aérea.

Nosotros no “queremos desearle unas felices fiestas”. Queremos decirte ¡¡Feliz Navidad!!

El consumidor post-crisis: La vida líquida.

Continuamos con este post la serie iniciada hace unas semanas en relación con el consumidor post-crisis. Decíamos en la introducción que en estos tiempos difíciles se están afianzando una serie de valores en el consumidor que las marcas deben tener en cuenta.

El primero de los valores sobre el que nos gustaría hablar es el que John Gerzema  define como: “La vida líquida”. Este valor se refiere al hecho de que el éxito en términos materiales ya no se mide en función de “cuántas cosas tienes”, sino de “cuánta liquidez dispones”. Tras sufrir los efectos de la crisis, mucha gente se está dando cuenta de que la liquidez les da capacidad de maniobra, mientras que los bienes materiales suponen una carga de la que es difícil desprenderse.

Uno de los efectos de este valor es la llamada “declasé consumption”. Esta tendencia se basa en que gastar dinero a lo loco te hace parecer pasado de moda. El ego se va relajando y los artificios se van desmontando a medida que las posesiones materiales van perdiendo relevancia.

Como ejemplo extremo de esta tendencia se puede ver en algunas grandes ciudades de Europa y EEUU cómo hay gente que sale de tiendas de lujo llevando los productos que han comprado en bolsas genéricas donde no aparece la marca. La ostentación, según parece, está mal vista.

Algunos hábitos de consumo que podrían asociarse a la vida líquida serían:

  • Evitar los costes fijos (p.e. las hipotecas) y tender en la vida personal hacia una estructura de costes más variables, de los que sea más fácil desprenderse si es necesario.
  • En momentos de ocio, optar por el turismo local y el agroturismo.
  • Aumento del uso de telefonía móvil de prepago frente al contrato.
  • Disminución de las compras a plazos.

Es posible que esta situación sea en gran medida coyuntural, y tendremos que esperar para ver si se afianza. Sin embargo, ya antes de la crisis se notaban signos de este sentimiento: el movimiento “slow”, por ejemplo, encaja en esta forma de ver la vida.

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