
Es viernes por la tarde y has organizado una cena con amigos en tu casa. Tienes todo lo necesario, pero en el último momento te das cuenta de que te faltan una serie de cosas por comprar: una botella de vino, cervezas, refrescos y helados para el postre.
Vas dando un paseo al supermercado de la esquina y, al entrar por la puerta, tienes la sensación de que algo ha cambiado. Lo primero que notas es que todo se ve más blanco. De hecho, te fijas en uno de los lineales y ves con sorpresa que todos los productos tienen la misma etiqueta blanca.
Desconcertado, te acercas a la sección de vinos. Allí te espera una larga hilera de botellas exactamente iguales, con sus respectivas etiquetas blancas. En cada una de ellas hay un texto que describe el producto. “Vino tinto de La Rioja. Crianza. Año 2005”, lees en una de las etiquetas.
Un escalofrío recorre tu cuerpo. Te vienen a la mente aquellas imágenes de los supermercados de la URSS que veías en los telediarios de los años 80. Pero una vez pasa la primera impresión, te enfrentas al verdadero problema: ¿qué botella de vino vas a llevarte?. La oferta es enorme, y los únicos criterios que puedes utilizar para elegir son el precio y la descripción de la etiqueta. Acabas leyendo todas las etiquetas y comparando precios hasta que eliges una botella de precio medio, más que nada por seguridad, no vaya a ser que el barato sea peleón. La elección del vino te mantiene ocupado durante 10 minutos.
Con la cerveza la decisión es todavía más difícil. No hay denominación de origen ni año de cosecha. Aun así, tienes varios fabricantes entre los que elegir, y no conoces a ninguno de ellos. Lo mismo ocurre con el resto de productos de tu lista.
Al final, has dedicado una hora de tu tiempo a decidir sobre algo que normalmente sólo te ocuparía 10 minutos. Es entonces cuando reflexionas y te das cuenta de que las marcas son muy útiles a la hora de tomar decisiones de compra, aunque sólo sea porque te ayudan a diferenciar entre productos de la misma categoría y te dan cierta seguridad de que los que eliges cumplen con unos determinados estándares de calidad.
En realidad, las marcas sirven para mucho más, pero eso es otra historia…
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Es bueno el articulo y describe la realidad del tema marcas blancas, podemos acabar como hace unos años en un economato (muchos no sabran ni lo que es) pero era un sitio donde comprabas lo que habia a unos precios mas reducidos- Pues, eso que no vamos que las marcas blancas para quien las quiera pero yo quiero comprar productos que me ofrecen garantia y calidad. Y el ahorro lo hago en otras cosas (que hay muchas)
Mas allá de la discusión actual sobre las marcas blancas, es muy interesante la decisión de compra en el lineal sin las referencias visuales y conceptuales respecto a las marcas que dominan nuestra cabeza, si aumenta el consumo de marcas blancas, el consumidor tendrá sus razones y no tiene porqué estar equivocado, el precio puede ser un buen protagonista, a mayor precio mayor calidad no es un binomio universal.
Para todos aquellos que critican el marketing y el poder de las marcas.
¡Chapó! Me quito el sombrero ante lo que puede trasladarse a uno de los mejores anuncios de las marcas frente a las marcas blancas. El valor intangible de las marcas está ahí y este artículo lo ha sacado a brillar en todo su esplendor introduciendo el miedo a una sociedad soviética que nadie quiere. ¡Impresionante!
Para mi el binomio de mayor precio mayor calidad si es universal por supuesto que como en todo en esta vida te puedes encontrar alguna excepción pero que los mejores productos son más caros es claro y evidente. Por tanto cada uno que compre el que quiera o pueda.
Mercedes – SEat
Danone – Carrefour
Coca-Cola – Dia
Pascual – Mercadona
que os parece
¿cuales son mejores?
Las marcas de los distribuidores llamadas en general blancas son productos generalmente baratos que tienen su razón de ser y un porcentaje de consumidores las buscan por su precio, ultimamente se ha incrementado su consumo debido a la mala situación economica, pero como la situación estas marcas son malas, le duela a quien le duela y nunca serán ni parecidas a las marcas lideres, son otra cosa.
Hace poco escribí sobre este tema, aunque desde luego no con la perspectiva que pueda tener un profesional como Guillermo. Más bien la sensación que percibo como humilde consumidor. En mi opinión las marcas son útiles, sí, pero creo que dejan de tener efectividad y valor cuando se centran en apelar a beneficios imaginarios, virtuales, que no tienen que ver con el producto físico realmente. Valores como la tradición, el liderazgo, etc. Ante el pragmatismo del consumidor que compra un determinado producto “porque es más barato”, debería haber una comunicación más centrada en remarcar los valores objetivos del producto (mayor calidad, productos naturales) de forma convincente. Hablo, eso sí, únicamente de productos de gran consumo, que es donde se han implantado las marcas blancas.
Yo consumo gran cantidad de marcas blancas y no hay nada mejor que probar diferentes productos y quedarse finalmente con el que más le gusta. En tu historia estas añadiendo un obstáculo y elemento de confusión como es que las marcas blancas carezcan de etiqueta.
Al fin y al cabo estas asociando una marca a un recuerdo verdadero o falso de que te gusta un determinado producto, yo hago lo mismo con las marcas blancas pero seguro de que los recuerdos de calidad son verdaderos.
Diego,
Creo que en tu comentario apuntas un elemento interesante sobre el que me gustaría añadir algo.
En realidad la intención original de este post no era hablar de las marcas blancas, aunque es perfectamente comprensible que se pueda hacer esa asociación, especialmente si pensamos en la marca blanca “tradicional”, es decir, aquella que únicamente compite por precio y que no tiene ningún tipo de diferenciación. Estas son las más parecidas a lo que aparece en el relato, pero también hay que decir que no todas las marcas que se conocen como “blancas” son así.
De hecho, en los último años hemos visto cómo las grandes cadenas de distribución están creando verdaderas marcas (a ellos les gusta llamarlas “marcas de distribución”, pues consideran peyorativo el término “marcas blancas”), tratando de aportarles algunos de los atributos que tienen las marcas tradicionales, como un nombre propio, una identidad visual diferenciada que se aplica al packaging, etc. Algunos incluso las han llegado a publicitar en TV, algo que a priori va en contra de la esencia de la marca blanca. En definitiva, los distribuidores se han dado cuenta de que tienen que añadir valor a sus marcas si quieren que perduren en el tiempo. De lo contrario, es muy posible que, una vez pasada esta crisis, pierdan gran parte del terreno que han ganado a las marcas tradicionales.
En cualquier caso, la idea original de este post era hablar sobre las marcas en general y el papel que juegan en el mercado. Quería ilustrar qué ocurriría si de repente desaparecieran las marcas de nuestras vidas, como una forma de explicar algunas de las razones (en este caso la diferenciación y la seguridad) por las cuales es importante para las empresas el crear y cuidar sus marcas.
De todos modos, creo que es muy interesante el debate que se puede generar en torno a las marcas blancas, por lo que os animo a todos a que expreséis vuestra opinión al respecto.
A mi no me ofrecen confianza las marcas blancas, cuando he probado alguna el resultado ha sido siempre insatisfactorio. No me gustan.
Las marcas blancas recordemos que son marcas, nos guste o no. La única diferencia es que el nombre de la marca coincide con la del propio distribuidor último: la tienda donde se venden.
A mí esta lucha contra las marcas blancas me recuerda a la imposición del canon o todas las reacciones que ha habido siempre cuando hay un cambio en un mercado: como el mercado cambia y no es a mi favor, en vez de adaptarme me quejo y, para colmo, le echo la culpa al consumidor.
Ahora resulta que si yo elijo leche de “El Corte Inglés” en vez de “Pascual” es que estoy eligiendo mal. No, señores: si Pascual pierde clientes, que se pregunte por qué y se adapte.
La guerra es entre marcas tradicionales y grandes superficies. Los consumidores elegimos. Y si yo realmente elijo peor calidad (cosa con la que no estoy de acuerdo: jamás me ha gustado “Pascual” por ser una leche aguadísima), pues es mi problema, y el de la marca tradicional (que no marca: “El Corte Inglés” también lo es) es no ofrecerme lo que quiero.
Me temo que toca adaptarse…
Ciertamente las marcas lideres (las de siempre) te dan garantia y confianza, y por ello tienen más valor que las marcas blancas. Esta garantia y confianza que tenemos en las Marcas originales, nadie se lo ha regalado, se lo han ganado despues de demostrar durante años su calidad. Es lo mismo que cuando vamos a comprar un televisor, tenemos marcas blancas tambien, la de Hipercor, Carrefour, etc, pero nos da la misma calidad y confianza que si compramos un Sony, Philips, o similar, seguro que no.
Todo el mundo, sea quien sea, eligirá un producto de marca que de marca blanca. Y no hay que darle más vueltas. Por que nos inspira confianza.
Tal y como yo lo entiendo “un mundo feliz” sería aquel donde no tuviera que comprar marcas blancas. Solo Marcas con mayuscula.
Vale Guti pero tambien que nos ayuden un poquito con los precios, porque a mi me gustan las Marcas originales pero el tema dinero esta chungo asi que porfa que nos ayuden y los bajen un poco.
[...] Vía | Marketing Democrático [...]
En el interesante, a veces acalorado, debate de productos con marca “controlada por el distribuidor” y prodcutos con marca “controlada por el fabricante”; opino que hacer llamadas a las posiciones extremas no ayuda demasiado. Personal y profesionalmente me siento igual de inquieto ante la visión de un economato de los años 60 o una tienda de la extinta URSS; como ante una tienda estilo “Un mundo felix” de Huxley, en el que no tenga más opción que las 3 mega-marcas mundiales de cerveza, de yogures o de televisores. Como acaba el comentario uno de los participantes, me temo que toca adaptarse a la evolución de las diferentes opciones de quién controla las marcas y sus producciones.