Blog Marketing

Hoy me gustaría recomendar un libro que estoy leyendo y que se llama Blog Marketing, su autor es Jeremy Wright y es un experto en el tema. Ensight.org es su blog personal y es leido por más de 250.000 personas cada mes.

En este libro expone de una forma didáctica y práctica cómo impulsar una marca con la herramienta blog. Como lo estoy leyendo, voy a ir haciendo el esfuerzo de sintetizarlo en algunos post para que los que no tengan ganas de tirar del manual, que sin duda es recomendable, puedan tener una versión corta en este blog y en castellano.

Para empezar os pondré los términos básicos que Jeremy Wright dice que tenemos que conocer, al menos, para ir a una cena informal y hablar de blog Marketing.

Blog. Sitio web que comprende mensajes de blog o contenidos escritos por el blogger, los cuales estan organizados, por lo general, en categorías y clasificados en orden cronológioco inverso.

Blog posts o mensajes del blog. Mensajes individuales que el blogger coloca en el blog (usando blogware)

Blogger. Individuo que mantiene el blog o escribe en el mismo. (El que se lo está currando ahora mismo y mi socio que también lo hace)

Blogosfera. Comunidad de blogs, bloggers y mensajes de blog.

Blogware. Software utilizado para crear mensajes de blog y manejar los blogs.

Conversación. Lo que sucede cuando los bloggers, especialmente millones de ellos, bloggean. (Lo de millones me parece excesivo)

Permalinks. Vínculos permanentes adjuntos a un mensaje de blog determinado, que permanecen sin cambios.

Trackbacks. Localizadores URL que otros bloggers utilizan para citar mensajes. Cuando alguien te enlaza te aparece un e-mail avisándote.

Al final del libro tiene un glosario extenso para los más avanzados.

A medida que vaya progresando en la lectura iré posteando la síntesis del libro en castellano, pero los que quieran tirar del inglés pueden consultar el sitio web del libro. donde encontrarán información más completa.

gracias

Replanteando las políticas de precios

 

precio001El precio es la forma que tenemos de cuantificar algo intangible: el valor de un producto o servicio. Lamentablemente, con el tiempo estos dos conceptos -precio y valor- han acabado convirtiéndose en sinónimos. Así, todos utilizamos la expresión: “¿cuánto vale esto?”, cuando deberíamos decir “¿cuál es el precio de esto?”. Y eso que la aplicación de precios uniformes para los productos es una práctica relativamente reciente (se calcula que comenzó a finales del siglo XIX).

Sin embargo, hay productos en los que el precio se parece bastante al valor. Es el caso de los billetes de avión. En un mismo vuelo, todos los pasajeros son conscientes de haber pagado un precio diferente que la persona del asiento de al lado. Sin embargo, no les preocupa demasiado, porque normalmente cada uno ha pagado lo que para él “vale” ese desplazamiento. Quien valora los precios bajos se habrá espabilado para comprar el billete con antelación, mientras que aquellos que valoran la flexibilidad de poder comprar el billete el día anterior y poder cambiarlo sin problemas, han considerado justo que se les cobre más. Al final, el vuelo será el mismo para ambos tipos de comprador, y podríamos decir que el valor de ese vuelo será parecido para ambos. Sin embargo, el precio puede ser muy diferente. 

Esto mismo está empezando a ocurrir en sectores como el de la hostelería, en el que, si bien hasta hace poco los precios podían variar en las diferentes temporadas del año, hoy ocurre exactamente lo mismo que en los aviones: en una misma noche y para un mismo tipo de habitación, es muy probable que el precio que haya pagado tu vecino sea distinto al que has pagado tu.

Este tipo de política de precios, basada en el valor que para el comprador tiene el producto, puede ser replicado en otros sectores. Eso sí, al hacerlo debemos asegurarnos de que las diferencias de precio estén justificadas. No hay nada peor que descubrir que has pagado por un producto mucho más dinero que otra persona sin haber obtenido a cambio nada que valores especialmente. 

Una forma de diferenciar el valor de los productos es a través de la experiencia de la compra. De esta forma, si por ejemplo quiero comprar un televisor, puedo optar, entre otras, por una de estas alternativas: 

  • Opción 1: Buscar una ganga en Internet, sumarle el precio del envío, pagar con tarjeta de crédito, esperar 4 ó 5 días a que llegue a casa, cruzar los dedos para que no haya problemas, instalarla yo mismo y sintonizar los canales.
  • Opción 2: Ir a una tienda especializada, ser atendido por un experto que me recomiende la mejor opción para mis necesidades y presupuesto, pagarla a plazos, y recibir la televisión el mismo día, instalada y sintonizada por el técnico que la lleva a mi casa. Como es lógico, si elijo esta opción el precio será más alto. 

Quien elija la primera opción seguramente será una persona informada sobre el producto y tendrá muy claro lo que quiere. Además, estará dispuesto a asumir ciertos riesgos e incomodidades a cambio de un menor precio. Por otro lado, quien elija la segunda opción valorará la atención recibida y la comodidad de no tener que preocuparse por nada. Al igual que ocurre con los billetes de avión, se trata de dos perfiles de comprador distintos, que asignan valor a aspectos diferentes de la experiencia de compra.

Sin embargo, así como las aerolíneas han encontrado una fórmula para poder dar servicio a todo tipo de perfiles de comprador, no ocurre lo mismo con las tiendas especializadas en televisores (ni, por extensión, con muchos otros tipos de empresas).

¿No podría acaso la tienda especializada vender también a través de Internet a precios más bajos, justificados por una experiencia de compra diferente? ¿Afectaría esto a la percepción que los compradores de tipo 2 tendrían de esa tienda? Problablemente no, y lo más seguro es que continuaran comprando de la forma tradicional. Sin embargo, los de tipo 1, que de otra forma jamás comprarían allí, estarían encantados. 

Todo es cuestión de atreverse…

Casas para vivir: una opción razonable

 

Cojo un taxi, le doy la dirección de la oficina, la Ser a los altavoces y me despierta la noticia: “ahora es un buen momento para comprar, porque los precios de la vivienda ya han tocado fondo”. Es el mensaje desde Meeting Point Barcelona, lo intentan una vez más, la vieja fórmula que tantos frutos ha dado en el último decenio reaparece, hay que convencer a toda la población de que la compra inmobiliaria es la única forma de crear riqueza, pero no cuela. 

El posicionamiento del aquí blogeante acerca de esto es clara, pero me gustaría exponer una reflexión profesional de Marketing. ¿Es que nadie se ha planteado abordar este sector desde una perspectiva diferente? ¿Por qué ningún empresario de la construcción ha recurrido a lo básico? ¿Por qué ninguna marca inmobiliaria se ha centrado en un posicionamiento distinto al de la inversión? Si la principal función racional y emocional de una casa es un sitio donde vivir, ¿por qué nadie lo comunica? y finalmente ¿por qué nadie vende casas y sólo vende productos financieros?

Yo ya llevaba mucho tiempo reflexionando acerca de este tema y justo, la semana pasada, recibo un correo  de micasasellamatomasa, la web para aquellos que quieran independizarse de buen rollo. Parece que hay luz en el universo, no tengo muy claro de que va su apuesta, pero intuyo que detrás de ella hay alguien que quiere abordar este mercado desde otra óptica. No son los únicos, otros como Cienladrillos ofrecen información sobre temas de interés sobre el sector. Bien por ellos.

Sinceramente, pienso que ahora, en un momento tan complicado para un sector en crisis, también puede significar una buena oportunidad: recordemos crisis = peligro + oportunidad. Aquellos que sean capaces de darle la vuelta a la situación y “construir” su oferta sobre “los pilares” en que a largo plazo tiene que descansar el sector pueden “edificar” un nuevo mercado: aquellos que piensen que hay gente que busca casas para vivir, más que casas para invertir.

gracias

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